A pesar de la intensa lluvia, la Serenata a Cafayate se despidió en su ley: con el público bailando hasta que salió el sol, o mejor dicho, hasta que amaneció. La jornada comenzó con Los Salamanqueros, que llevaron zambas y chacareras carperas. Les siguió Luis Leguizamón, el grupo Imán y Silvia Borda, encargada de trasladar el tango a la Bodega Encantada. Detrás llegaron los portadores del apellido del escenario, Herencia del Payo Solá, quienes cautivaron a la multitud con sus temas. Posteriormente la zamba tucumana produjo el hechizo de detener la lluvia. El "Mono" Villafañe recordó a Atahualpa Yupanqui con "La añera". "Apoyemos siempre a los pueblos originarios", dijo y se colocó una bufanda con los colores de la bandera Wiphala. Luego prosiguió con una selección de chacareras, acompañado por Francisco Santamarina, Federico "Cuchi" Correa, Juan Carlos Liendro y el ballet Kiscaloro. Luego le tocó el turno a otro tucumano, Julián Morel, que interpretó una selección de tangos. Con la lluvia siempre amenazando actuaron Las Voces de Orán, Los Tekis y Rubén Ehizaguirre, de Los Nocheros. Como es tradición, la velada se prolongó hasta el amanecer. El cierre estuvo a cargo del Chaqueño Palavecino, recibido como un rey. "Hola Cafayate", saludó. "No sé si el año que viene volveré, pero ¿ustedes quieren más amaneceres?", preguntó. Y las 18.000 personas que coparon la bodega respondieron que sí al unísono. Sin embargo, el artista retrucó: "yo me estoy cansando del amanecer". Y luego cantó durante más de dos horas.